miércoles, 6 de mayo de 2015

La gamificación de la enseñanza entusiasma y mucho.

La clase de didáctica de la enseñanza del 29 de abril ha sido un ejemplo a seguir para el futuro como docente, muy amena y atractiva, lo que permite una enseñanza dinámica y eficaz para la formación de los escolares. 

A mi modo de entender, una enseñanza basada en la gamificación sería muchísimo más competente y fructífera, los niños de hoy en día tienen a su alcance casi de todo, por ello un estilo de enseñanza arcaico y anquilosado en el pasado favorece en cierto modo al fracaso escolar y por consiguiente estimo necesario una adaptación de la enseñanza al siglo XXI.

Personalmente creo que las clases se deberían de centrar en una enseñanza en la que el alumnado sea partícipe de su propia formación, relacionarse y entenderse con los demás compañeros, no tener miedo a equivocarse, intervenir de forma dinámica en el desarrollo de la clase,.. etc.

En definitiva, decir que no existe una ley donde se exija ser un educador monótono y lector de libros, más bien creo que aprender de una forma más divertida potencia el talento del alumnado y que hay que luchar por una nueva enseñanza ejemplar y actual.

Además decir que existen profesores y profesores, algunos transmiten ganas de hacer bien las cosas nada más cruzar la puerta del aula, sin embargo otros por el contrario aburren y mucho aunque crean que lo están haciendo bien. Hay que luchar por ser en un futuro de esos maestros que transmiten ganas de trabajar nada más entrar y ser autocríticos para estar en constante evolución y así mejorar la calidad de nuestras clases.

Dicho esto decir que la clase de este día ha sido un ejemplo a seguir en el futuro y gracias en gran medida a Fernando Trujillo Sáez que cada día nos abre un poco más los ojos de como ejercer y bien en un futuro. 


Mi grupo de clase.



La clase comenzó con una explicación sobre la gamificación de la enseñanza y tras esto se realizaron una serie de actividades.

En primer lugar, Fernando repartió una carta a cada uno de los alumnos; todas las cartas tenían imágenes de distintos animales y tras la identificación del animal cada alumno debía de emitir un ruido característico del animal que le hubiera tocado.

Tras realizar lo anterior, debíamos encontrar con el sonido a nuestra pareja, que debía tener la misma carta.

Una vez hecho esto, todos los alumnos debíamos agruparnos junto con nuestras parejas según el criterio que nosotros estimáramos oportuno porque el alumnado es el eje fundamental de las clases.

La clase quedó dividida en tres grupos y cada uno de estos grupos tenía que diseñar un escudo que formaría a ser parte de su historia, este escudo debía de tener cuatro valores fundamentales, según el criterio de los miembros del grupo.

Poco después de esto, Fernando procedió a repartir una serie de cartas con preguntas, las preguntas eran comprometidas en muchas de las ocasiones por lo que servía para mejorar la confianza entre los compañeros.

Este juego consistía en hacer distintas preguntas que aparecían en la carta a tu pareja y viceversa, después de haber hecho esto debíamos presentar nuestra pareja al grupo, con lo que más nos hubiera llamado la atención de las preguntas que habíamos realizado entre nosotros.

Tras finalizar esta actividad, el profesor se dispuso a repartir a cada uno de los grupos que ya estaban formados una serie de materiales:
- Celo.
- 20 espaguetis.
- Una cuerda.
- Una esponja/nube de chuchería.

Una vez repartidos estos materiales nos propuso hacer una torre con ellos y el grupo que fuese capaz de construir la torre más alta ganaría, dicha pirámide debía de estar sobre la mesa y no se permitía sujetarla, además por si fuera poco, en la cúspide de la pirámide debía de situarse la famosa nube de chuchería.

Esto supuso numerosos quebraderos de cabeza entre los compañeros, todos aportamos distintas ideas de la forma que adoptaría nuestra torre, esto sirvió de escusa para así poder cooperar y coordinar entre nosotros.

Nuestro grupo no pudo alzarse finalmente con el triunfo aunque realmente ganar o no era secundario, lo realmente importante de esta actividad era llegar a entender que varias cabezas pensantes pueden más que una y que si consigues entenderte entre los compañeros de tu equipo, habría más posibilidades de llegar a formar una torre estable.

Una vez finalizado con lo anterior la siguiente actividad propuesta por Fernando fue organizar la clase en dos grupos porque tocaba el turno de jugar al pueblo este juego, para ello primero se repartieron las cartas a cada miembro de los distintos grupos y cada una de estas cartas otorgaba un rol.

Los diferentes tipos de roles que se desempeñaban en este juego, serían los siguientes:

- Aldeanos, quizás se tratase del rol menos deseado por los jugadores, estos poco podían hacer pero aunque estuvieran simplemente esperando a que no les ocurriese nada, sin ellos el juego no tendría sentido.

- Lobos, estos personajes se encargaban de decidir comerse a los demás jugadores.

- Bruja, se encargaba de dictaminar si la víctima que se habían cobrado los lobos, fallecía o volvía a desempeñar el rol que tuviese.

- Narrador, era el encargado de ir contando los acontecimientos que el pueblo sufría y tenía el poder de decidir cuando era de día para que todos estuviesen a salvo, o cuando caía la noche donde el pueblo quedaba a merced de los lobos y su insaciable apetito.

En última instancia cada uno de los integrantes de la clase, tuvo que realizar una figura que aparecía en otra carta repartida por el profesor, con la canción We will rock you de fondo y actuando de puente de unión emocional entre los distintos miembros de la clases.

En definitiva fue una clase en la que la gamificación de la enseñanza cobró pleno protagonismo, y nos dejó al alumnado de futuros docentes con ganas de más y de en un futuro no muy lejano emplear lo aprendido en nuestras clases.

No hay comentarios:

Publicar un comentario